Descubriendo los tesoros sumergidos en Internet: Mis amigos me cuentan sus historias, y el viento de sus palabras y de sus sueños me lleva a la deriva hasta el descubrimiento; otras veces me lleva a él mi aburrimiento, y entonces, valiéndome de google y youtube, mis herramientas favoritas, inicio el viaje por mi cuenta y riesgo… cuando el descubrimiento me deslumbra lo suficiente, me entusiasmo y lo comparto (que es mi modo de estar cerca)…
Me pregunto si aquellos que tienen un comportamiento racista con los inmigrantes de los países limítrofes en Argentina, son los mismos que luego se indignan cuando nos mal tratan en Europa y en sus aeropuertos. ¿Eso se debe a que son mediocres, o a que son imbéciles?
Escuchar en la radio la frase “que se vayan a reclamar a su país” en la boca de un compatriota, me dio simultáneamente asco y tristeza. Me recuerda a algunos europeos que, desde su ignorancia, le dan la bienvenida calurosa a los inmigrantes ricos pero se quejan de los pobres; algo que además de infame, parte de la ignorancia estadística de que son los inmigrantes pobres quienes aportan recursos al estado.
Pero escuchar a un dirigente político de primer nivel del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que "La Ciudad de Buenos Aires no puede resolver los problemas de vivienda del conurbano y del Mercosur", me desespera, porque entiendo que representa el pensamiento de personas con las que convivimos, con la que compartimos nuestro hogar común. Incluso mucha gente que podríamos definir como buena gente. Además, alguien debería sacar de su profunda ignorancia a Rodríguez Larreta y a Macri (el señor que se tragó el bigote), y contarles que Bolivia no integra el Mercosur.
Vivir en carne propia el racismo de los demás te sensibiliza más que a quienes no lo han padecido, puede ser, pero es que a mí me desespera que pueda haber gente tan necia, tan ignorante, tan estúpida.
Tanto hablan de institucionalidad y no respetan siquiera la letra de la constitución: "...con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino...". Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina.
"Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública." De la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial de las Naciones Unidas. La declaración formulada por la UNESCO sobre racismo y prejuicios raciales, contiene tres puntos fundamentales: Todos los hombres que viven en nuestro tiempo pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco; La división de la especie humana en “razas” es convencional y no implica ninguna jerarquía en ningún orden; En el estado actual de los conocimientos biológicos, no podemos atribuir las realizaciones culturales de los pueblos a diferencias de potencial genético: éstas se explican totalmente por su historia cultural. Basta invertir estos términos para obtener una radiografía del racismo.
Ilustra esta entrada “Madre inmigrante”, Nipono, California 1936, la fotografía emblemática de Dorothea Lange, “Fotógrafa del pueblo”.
No me llames extranjero, por que haya nacido lejos, o por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo.
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno o por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos.
No me llames extranjero si en el amor de una madre, tuvimos la misma luz en el canto y en el beso, con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo, mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego, calman mi hambre y mi frío, y me cobija tu techo.
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo, tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino, por que nací en otro pueblo, por que conozco otros mares y un día zarpé de otro puerto, si siempre quedan iguales en el adiós los pañuelos y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos. Los amigos que nos nombran y son iguales los rezos y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito, el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras, antes que vinieran ellos, los que dividen y matan, los que roban, los que mienten los que venden nuestros sueños, ellos son los que inventaron esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste, que es una palabra helada huele a olvido y a destierro.
No me llames extranjero mira tu niño y el mío como corren de la mano hasta el final del sendero.
No los llames extranjeros ellos no saben de idiomas de límites ni banderas, míralos se van al cielo por una risa paloma que los reúne en el vuelo.
No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío, el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo. Ellos, no eran extranjeros, se conocían de siempre por la libertad eterna e igual de libres murieron.
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos, mucho más allá del odio, del egoísmo y del miedo, y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.
La primera vez que fui a Galicia, mis amigos me llevaron al río del Olvido. Mis amigos me dijeron que los legionarios romanos, en los antiguos tiempos imperiales, habían querido invadir estas tierras, pero de aquí no habían pasado: paralizados por el pánico, se habían detenido a la orilla de este río. Y no lo habían atravesado nunca, porque quien cruza el río del Olvido llega a la otra orilla sin saber quién es ni de dónde viene.
Yo estaba empezando mi exilio en España, y pensé: si bastan las aguas de un río para borrar la memoria: ¿qué pasará conmigo, resto de naufragio, que atravesé toda una mar?
Pero yo había estado recorriendo los pueblecitos de Pontevedra y Orense, y había descubierto tabernas y cafés que se llamaban Uruguay o Venezuela o Mi Buenos Aires Querido y cantinas que ofrecían parrilladas o arepas, y por todas partes había banderines de Peñarol y Nacional y Boca Juniors, y todo eso era de los gallegos que habían regresado de América y sentían, ahora, la nostalgia al revés. Ellos se habían marchado de sus aldeas, exiliados como yo, aunque los hubiera corrido la economía y no la policía, y al cabo de muchos años estaban de vuelta en su tierra de origen, y nunca habían olvidado nada. Ni al irse, ni al estar, ni al volver: nunca habían olvidado nada. Y ahora tenían dos memorias y tenían dos patrias.
De El libro de los abrazos (1989) del escritor uruguayo Eduardo Galeano.
Al llegar las legiones de Decimo Junio Bruto, al margen izquierdo del río Limia en el año 137 a.d.C., en su empeño en conquistar la "Gallaecia" y probablemente al ver la belleza de sus paisajes, debieron pensar que se encontraban ante el legendario río Lethes. Según la leyenda en él bebían los muertos y perdían la memoria los mortales que lo atravesasen. Para romper en sus tropas el temor por la leyenda,atravesó el río y desde el otro lado fue llamando por sus nombres a sus soldados, consiguiendo con ello que cruzasen el río y poder seguir con sus conquistas. Por todos estos hechos a Décimo Junio Bruto se le puso el sobrenombre de “Galaicus” y a nuestro río Limia se le conoce desde entonces como el río del olvido.
“O río do Esquecemento”
El Emigrante es un microcuento del escritor méxicano Luis Felipe Lomelí. El texto íntegro es el siguiente: « ¿Olvida usted algo? -¡Ojalá! » Esta simple frase contituye el más corto relato jamás escrito en lengua española. Antes de su publicación en 2005 el relato más corto de la lengua española había sido El Dinosaurio, del escritor hondureño Augusto Monterroso.
Volver Música: Carlos Gardel Letra: Alfredo Le Pera
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno... Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor...
Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor... La vieja calle donde el eco dijo tuya es su vida, tuyo es su querer, bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver...
Volver... con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien... Sentir... que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra. Vivir... con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez...
Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida... Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar...
Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar... Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.
Compuesto en 1935 y aparecido en la película "El día que me quieras".
Me parece simpático, y revelador, como nos quedamos de una película de 90' con 4 ó 5 fotogramas que nos permiten hacer una lectura que más o menos encaje con nuestra visión. Incluso cuando esa lectura es algo forzada, cuando requiere imaginación. No sólo cuando de política hablamos, ciertamente. Pero el tema es ahora la política.
Últimamente sucede mucho menos, debo decirlo, pero aún así es muy cristalino como algunos amigos que detestan a la atroz dictadura totalitaria de los malignos hombres K abusan de las miradas sesgadas. A veces me parece que la cerradura es cada día menos translúcida. Pareciera que si la película nos agobia con una trama que no es como esperamos, nos escondemos detrás de nuestras fábulas, de nuestras sesgadas interpretaciones de lo que realmente representa la historia, o de lo que en verdad quiso decir el director, y de si su historia condena o no a los actores. Pero nos olvidamos de lo que nos convoca, que es la película misma.
También debo decir que me parece interesante el hecho de que ésta es la segunda etapa política de nuestro país -que yo tenga memoria- que tiene al grueso de los intelectuales y de los artistas con una mirada muy próxima al oficialismo. La anterior fue en el inicio de la gestión al frente del gobierno de Don Raúl Alfonsín. Un par de años después la realidad demostró que ése no era el camino. Ahora, en cambio, dato ya de por sí revelador, es al final del segundo mandato de la atroz dictadura totalitaria de los malignos hombres K.
Entre mis amigos/parientes hay de todo: amor, odio y distintos grados de indiferencia y de aceptación respecto de quien conduce los destinos de nuestra patria. Pero los relatos de la vida cotidiana de todos y cada uno, de sus realidades económicas personales, coinciden claramente con los números que los diarios económicos internacionales, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, y otras fuentes de diferentes niveles de credibilidad y prestigio me informan. También hablan muy bien de mi entorno personal y familiar, debo decirlo; hay de todo, claro, pero básicamente es gente honesta que no miente sobre su realidad para ajustarla a la realidad que cree existe extramuros. Supongo que lo que leí esta semana en un periódico español tendrá que ver con esos datos: de los 110.000 españoles que se fueron desde que estalló la crisis, 33.000 eligieron como destino la Argentina. También he leído en el periódico más prestigioso de Galicia, que el 40% de los 29.000 gallegos que emigraron desde el inicio de la crisis eligieron Argentina. Y es una emigración cualificada, hablamos de gente con formación. Y si sumo eso a que además el 84% de los argentinos que emigraron a España volvieron, parece que son muchos los que desde otros lugares, con otros contextos mediáticos, con diferentes accesos a la información, de la buena y de la mala, entienden los mismos números con claridad.
Cuando era un pibe sólo me servía la perfección, y no me conformaba con menos que con la revolución. Ahora, quizá debido a que la edad me nubla la capacidad de desear, me conformo con que objetivamente la cosa vaya mejorando. Y que eso sucede es evidente para cualquiera. Incluso para las Naciones Unidas y para el Banco Mundial. Sé que no son fuentes válidas para algunos. Ya harán cerraduras más amplias.
Insisto con lo que reclamo una y otra vez: datos no adjetivos, hechos no fábulas o anécdotas. Sé que es una ventaja ni amar ni odiar a nadie, así es más fácil analizar hechos y datos, y no mezclar. A mí lo actores políticos me dan igual. No me interesan, no me interesa el gobierno, y no me interesa la oposición. Nunca estuve cerca ideológicamente de ninguno de ellos, pero tengo la capacidad, quizá la amplitud, de acercarme a uno o a otro con un sentido táctico. Lo que sí me interesan son los hechos y los datos estadísticos. Y la claridad y la contundencia de los números contrasta con lo que una vez más se confirma: sólo sabemos atacar blandiendo letras en función adjetiva, quizá en un desesperado intento de tapar el Sol con las manos. Así los empíricos, los que analizamos a partir de la realidad, no modificamos nuestra percepción, más bien la reafirmamos.
Los políticos argentinos son todos un desastre, puedo adherir a esa declamación. Pero no es casualidad, estos vienen de nosotros mismos: no son marcianos que depositó una nave espacial. Debo confesar que no hay ni uno que me de alegría votarlo, salvo Jorge Rivas. En el gobierno hay políticos tranceros y corruptos, sí, evidentemente. Pero en la oposición todavía mucho más; y cualquiera de los que nos pueda, muy hipotéticamente claro, llegar a gobernar, tanto o más. Y no son sólo sospechas, lo han demostrado, todos. Son impresentables, todos. Todos ellos son los mismos que siempre estuvieron, porque no se ha ido ninguno. Pero debe quedar claro que fue la sociedad argentina, fuimos nosotros como pueblo quienes demostramos ser incapaces de generar una nueva dirigencia política que supere la funesta que padecemos. Es nuestra triste realidad.
Dicho esto, vayamos a los hechos, los números de la economía real, que es lo que me importa -a mí-: En el 2001 la pobreza estaba en el orden del 44% y la indigencia en el 14%, según datos de las Naciones Unidas. La Cepal, organismo dependiente de la ONU, acaba de informar que a fines del 2009 la pobreza era del 11,3% y la indigencia del 3,1%. Es razonable pensar que con un año de AUH haya mejorado ese índice aún más a fines del 2010. Es interesante también como dato que no parece anecdótico, que las Naciones Unidas mediante las FAO -la organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación que conduce las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre- ha distinguido a la presidenta Cristina Fernández con la medalla Ceres, sumándola a una lista en la que se encuentran La Madre Teresa, Michelle Bachelete, Indira Gandhi o la Reina Sofía. A principios de 2003, lo recordamos todos perfectamente, había más del 24% de desocupación, hoy menos del 8%. Abro Clarín clasificados y no puedo menos que asombrarme de la demanda que hay. En los diarios económicos españoles he leído que, según el Banco Mundial, Argentina es desde 2009 el país con PBI per cápita más alto de la región. También en estos periódicos económicos los analistas estiman que dada la solidez del crecimiento del país, muy superior a quienes están disputando este privilegio, Chile y México, consolidará esta situación. Hay mucho más. Muchos más datos, como la política de desendeudamiento, por la que están sorprendidos todos, incluido yo, que daban a Argentina por muerta, definitivamente aplastada por el peso de la deuda externa. La mejora innegable de la situación de los jubilados desde la catacumbas en donde quedaron con el PJ de Menem y la UCR de De La Rua y cía. La política de acumulación de reservas, y la solidez que esto le genera a la economía. La promoción de la industria, lenta pero consistente. El plan raíces, que es una gran declaración de intenciones. La integración económica regional. Que en el 2003 el peso de la deuda representara un 6% del presupuesto y la educación un 2%, y hoy se hayan invertido esos parámetros. Los niveles de inversión en términos del PBI registran máximos históricos, y este es un dato tan relevante como revelador. Y un largo etcétera. Alguien llegó a decirme en un debate sobre esto, a modo de defensa de su posición contraria a la mía, que lo único que funciona bien en Argentina es la economía. Casi nada.
Hay problemas, sí claro, claro que los hay. Inflación: no es grave, pero es real, y recién ahora el gobierno se desenreda de la política y acepta la realidad, algo que debió haber hecho antes. La inseguridad es un problema, qué duda cabe. En Argentina, en EEUU, en Europa y en la mayoría de nuestros países insertados, qué remedio, en el mágico mundo capitalista. De eso le habla Sarkozy a su electorado cuando le dan ataques fascistas. A eso se refieren Rajoy y Berlusconi cuando aplauden a su amigo dándole la razón. Y es inversamente proporcional a la inclusión y el nivel de distribución del ingreso sumado al nivel de protección social que los estados son capaces de proporcionar. Basta un rápido análisis de los números globales de diversos países para comprenderlo. Esto lo sabe todo el mundo. Algunos están obligados. La década del '90 nos dejó un país marginalizado, los números objetivos indican mejoras, claras pero insuficientes -tasa de homicidios, como se mide en el resto del mundo-. Por lo que debemos decir que es un tema que hay que tomárselo más en serio, de parte del gobierno, son quienes tienen la responsabilidad, pero también de parte de la oposición que lo banaliza simplificándolo. Estamos muy lejos del terror, es verdad, pero también muy lejos del paraíso, y hay que aspirar al paraíso. Aunque pueda resultar paradójico, entre los datos positivos hay datos que aún son claramente insuficientes, ya que si bien es cierto que la pobreza y la indigencia se ha reducido claramente, aún duele, y mucho, y exige aún más esfuerzos inclusivos. No equivale esto a decir que no se está haciendo, lo que digo es que hay que hacer más. Y la tasa de desocupación que ha bajado dramáticamente, cuando en el mundo desarrollado ha aumentado con el mismo dramatismo, debe bajar aún más para poder mejorar el poder adquisitivo de los salarios. Falta, por cierto siempre falta, pero lo que hay que tener claro es el camino: de dónde venimos, dónde estamos, y cuál de los posibles bifurcaciones que tenemos frente a nosotros nos conduce donde en verdad queremos. Se preguntó usted, lector, dónde quiere llegar, y qué cosas faltan para eso.
Pero también hay otro problema, en mi opinión muy importante, que muy pocos mencionan en la prensa argentina, y que es el esquema tributario. Argentina en el 2002 recaudaba menos del 18% del PBI. Ahora recauda casi el 27%. Pero esto, además de ser claramente insuficiente -aunque hay que reconocer que mejoró-, está basado en un esquema aún regresivo. No hemos casi modificado el paradigma de la década neoliberal, la segunda y más infame de las décadas, y la recaudación, que es aún escasa, se basa en los sectores de menores recursos vía impuestos al consumo y ganancias. Los sectores que más ganan aún siguen eludiendo y evadiendo ante la escasa eficacia en el tema de quienes nos gobiernan, pero sobre todo ante la alegría de una parte de la población que insólitamente parece defender los intereses de estos sectores concentrados de la economía.
Ahora, hay que decir que este gobierno es el responsable de lo bueno y de lo malo. Digo esto porque no me imagino a ninguno de los impresentables de la oposición llevando adelante estas políticas, las que han logrado estas innegables mejoras en nuestra realidad durante estos últimos 7 -siete- años, básicamente porque las cuestionan, sin más. Y no me imagino a ninguno de esos hombre y mujeres solucionando los problemas, los graves, los menos graves, y los banales, que aún hay, porque sólo los escucho declamar. Casi ninguno propone cosas concretas, y esas escasas propuestas, cuando las hay, suelen ser contradictorias entre sí. Y no sólo, también con los discursos de quienes las apoyan. Y evidentemente, nadie en esta oposición plantea ni se toma en serio el tema tributario, que para mí es central. Es más, incluso he escuchado a insensatos diciendo que en Argentina el estado agobia con los impuestos, que sobran recursos, negando neciamente los datos objetivos, ya que aún debería crecer la recaudación un 33% más para igualar a Brasil, por no hablar de países desarrollados.
Entonces es también evidente que en lo que falta, debemos incluir mejorar en educación, en salud, en justicia, en infraestructuras. Pero es imposible que un país que sólo recauda un 27% pueda mejorar mucho más de lo que lo está haciendo en los servicios básicos. Quien diga que estamos bien miente, o niega la realidad. Pero también mienten infamemente quienes critican esta realidad, livianamente, no diciendo por qué sucede. Por eso tenemos los políticos nefastos que tenemos. Por eso tenemos la sucesión inagotable de gobiernos malos, regulares y gobiernos malísimos. De los que eligió el pueblo con el poder del voto, entonces democráticos, y de los otros, los nefastos y aún mucho más corruptos, elegidos por los otros, los que tienen el poder del dinero. Porque como sociedad nos quedamos en los detalles, en la queja, y nunca vamos al fondo. Y debemos tener claro que es materialmente imposible tener los servicios públicos y las políticas sociales que hay en los países desarrollados sin el esquema tributario de estos. No es serio, es más, es perverso, decir que funciona mal la educación, la salud, la justicia, y no decir que Brasil recauda el 36% del PIB, que España el 42%, que Francia y Alemania el 45%, que el paraíso del capitalismo que es Suecia más del 50% del PBI, y nosotros, incluso luego de mejorar, como lo hemos hecho, en un 50% en los últimos 7 años, aún estamos en un pobre 27%.
Seamos serios, por nuestro propio bien no hagamos politiquería, que ya bastante con los políticos berretas que tenemos. Con chicanas baratas es imposible entender cómo y por qué, algo que es muy necesario para poder elegir bien nuestro camino hacia el futuro, para no actuar neciamente. ¿O acaso creemos estar en condiciones objetivas de volver a perder otra oportunidad?
La foto que ilustra la entrada es una gentileza del fotógrafo entrerriano Gustavo Germán Cabral
Hace poco más de un año, un insensato me alentó a recuperar el placer de despuntar el vicio. Entonces imaginé y lleve a la realidad éste, mi lugar en la web, donde a veces opino, o investigo, o simplemente difundo, sin tenerle miedo a ningún tema. Sólo le temo a mi propia ignorancia. He aprendido y disfrutado mientras hablaba de música, de literatura, de política, de banalidades.
Durante estos doce meses han visitado este pasquín pretensioso, hoy muy querido por mí, 9.457 veces, en las que han visto 15.716 páginas, promediando 26 al día, 2 minutos 20 segundos en cada página, y siendo los últimos 2 (dos) mes los más intensos.
Han accedido desde 62 países, ubicados en los 5 continentes, de ciudades que quizá puedan parecer inverosímiles, siendo Argentina, España, México, Colombia y Chile los países de origen más habituales. Sudamérica y el sur de Europa son entonces los orígenes más habituales, y un poco menos Centroamérica.
Lo más habitual es acceder desde Google, lo que incluye tanto desde el navegador, que habitualmente es Internet Explorer, Firefox o Chrome, como desde el correo electrónico, y luego, un poco menos, mediante un enlace en Facebook.
Cuando empecé a concebirlo, me pregunté por qué, y mi respuesta fue: “Mis amigos me cuentan sus historias, y el viento de sus palabras y de sus sueños me lleva a la deriva hasta el descubrimiento; otras veces me lleva a él mi aburrimiento, y entonces, valiéndome de google y youtube, mis herramientas favoritas, inicio el viaje por mi cuenta y riesgo… cuando el descubrimiento me deslumbra lo suficiente, me entusiasmo y lo comparto (que es mi modo de estar cerca)…”, lo que adopté como leit motiv de mi blog, junto con el que me acompaña desde siempre: “Sólo se trata de vivir, ésa es la historia...”
Cuando durante este viaje me equivoco, y el pensamiento aflora, y misteriosamente se traduce en algo con algún sentido, este insensato del que hablé, que además tampoco es objetivo con lo que produzco, lo publica en su diario: El Diario de Gualeguay, donde siempre hay algún desprevenido que lo disfruta y te lo cuenta.
¿Por qué el insulto máximo, "hijo de puta", conlleva la presencia de una mujer prostituida cuyo hijo garantizaría la existencia de un cuerpo materno caracterizado como cloaca espermática construida merced a las prácticas masculinas? Un hijo desnacido por el reproductor que no aspiraba a engendrar con esa mujer, y al mismo tiempo asociado con la necesidad de lograr placer mediante el pago de la servidumbre sexual. La prostituta se considera necesaria, pero su cría se utiliza como agravio para otro varón: hijo de puta. Criatura que proviene de un lugar que mediante su existencia transforma a la puta en madre-mujer apostando a una violencia en el lenguaje, rudimentaria y paradojal, que evidencia la imposibilidad de prescindir de la mujer que siempre se encuentra en el origen del sujeto: la madre; aunque se pretenda negarle la condición materna sustituyéndola por la función puta.
El pacto desde el psicoanálisis
En el Esquema de psicoanálisis Freud se remite al pacto entre el analista apuntalado en el mundo exterior objetivo y el Yo del psicótico. Fracasa el pacto entre el Yo y el Otro que el psicótico no puede establecer como diría Lacan. El planteo lacaniano apunta al pacto con el sujeto en tanto par-letre, o sea, un pacto simbólico, “del intercambio de los símbolos como situamos los unos con respecto a los otros nuestros diferentes yoes”. Del ahondamiento de esta regulación por medio del intercambio simbólico nace la noción de un orden simbólico. A veces se lo concibe como una mediación que permite superar “la rivalidad absoluta con el otro” recurriendo a una tercera instancia situada más allá de los sujetos competidores. Será a partir de esta relación dual hacia una triangular que introduce el juez o árbitro, y la creación del contrato.
El pacto en la historia
Veamos los diccionarios: “Un acuerdo vinculante de carácter solemne tomado por dos o más partes, individuos, etcétera, a fin de hacer, o bien de abstenerse de hacer una cosa determinada; un convenio”. También: convenio, trato o una alianza entre partes iguales o igual autoridad. Sin embargo, ni berith en hebreo –significado se refiere a un lazo que no puede romperse fácilmente–, ni diathéke (las palabras hebrea y griega que la Biblia emplea, y que se han traducido como “pacto”) significan eso. La Biblia, es rotunda: el pacto de Dios es una promesa de su parte y se refiere a más de un pacto: con Noé, Abraham y otros. Siempre procede de la divinidad, nunca de los seres humanos, de allí la concentración en la idea de obediencia por parte de quienes habrán de asumirlo; es un convenio que Dios hace con su pueblo. Este acuerdo conlleva una reciprocidad de beneficios y obligaciones. Dios espera del ser humano obediencia como consecuencia de la confianza en El y Su palabra. El propósito principal del pacto es la iniciativa de Dios por restaurar la relación con el ser humano, la cual se había quebrado a partir de la desobediencia de Adán y Eva. Fácil asociar la creencia masculina acerca de una razón básica para ser obedecido por la mujer. Deviene de su ansia de ser Dios.
El otro pacto inicial es aquel que fundó los orígenes de las sociedades y de los ordenamientos sociales: pacto de no agresión que excluye todo tipo de violencia en la relación entre las partes. Entre las comunidades y las tribus primero. Para eludir el estado de naturaleza en el que no regía la ley. Que es al que retornan los violentos del género masculino, a los estadios previos al pacto. La evolución de las sociedades condujo al segundo momento del pacto: lograr acuerdos, excluido el uso de la fuerza recíproca para la solución de conflictos. Esas partes se comprometen a resolver los desacuerdos mediante negociaciones que “desembocan en un compromiso”. Lo que no significa que se transita hacia un estadio no conflictual sino a la alternativa de encontrar otro modos de entenderse. La clave reside en la prohibición de utilizar la violencia recíproca para hacer valer las propias razones. En la construcción histórica de las subjetividades, el género mujer quedó entrampado en otra clase de pacto, el pacto entre varones que las tomó como botín, como capital productor de proles. Fue un pacto social en cuanto a la propiedad de las mujeres, pacto tribal entre hombres. La ilusión de nuestra sociedad, transmitida por medio de la legislación, es que entre hombres y mujeres existen contratos a partir de la igualdad de derechos. La historia empieza con las teorías del Contrato Social de Hobbes, Locke y Rousseau polemizando con Filmer, para quien el derecho político se deriva del derecho paternal y monárquico que Dios entregó a Adán. El contractualismo creó nuevos mecanismos de dominación de las mujeres, el más evidente de ellos es su exclusión de diversas áreas vitales. Estos teóricos pretenden mantener todas las estructuras de dominación; defienden la división de la sociedad en espacios sociales. De ahí que las estructuras sociales básicas que quieren conservar para la nueva sociedad –como la familia o la dicotomía público-privado– sean transferidas al estado de naturaleza para así devolverlas a la sociedad con la legitimidad que le proporcionaría su pertenencia a la naturaleza comandada por el varón. Para el análisis de Género y Violencia esta oposición público/privado es clave porque Género se mueve en el ámbito de lo público. Se es hombre o mujer a la vista. Y se pretende que la violencia ejercida contra las mujeres se mantenga en el ámbito de lo privado, para que el Estado no intervenga.
¿El contrato?
Las mujeres deben estar subordinadas a los varones, pero mostrando su acuerdo. El origen de este consentimiento puede apreciarse en la idea moderna de matrimonio. El contrato matrimonial es la reproducción del pacto sexual de los orígenes entre varones apropiándose de las mujeres. Fue estudiado por Carole Pateman, quien afirma que la “polaridad público-privado no puede ser pensada separadamente”. El discurso académico privilegia el espacio público, y entonces cuenta la mitad de la historia: que de un hipotético pacto original entre hombres libres e iguales surge un nuevo orden social, civil y político. En el comienzo de las sociedades no existió –tampoco ahora– esa igualdad entre hombres y mujeres. El género masculino reguló la organización de esos contratos que pretendiendo ser sociales se sostenían sobre la posesión sexual de la mujer. Pateman acentúa la necesidad de explicar cómo se establece y mantiene la esfera privada dentro de la cual el varón dispone de su poder sobre los derechos de los otros miembros de la familia; de ahí su empeño por contar la otra mitad de la historia: la historia del contrato sexual como diferencia política”. Es esa modalidad política enancada en el mundo pulsional que ofrece y aporta los recursos para las respuestas violentas, así como el deseo de poder, que regula las violencias propia de un género respecto del otro. El contrato sexual crea una relación de subordinación de las mujeres respecto de los varones, de forma que cuando se firma el contrato social, las mujeres están excluidas de él como sujetos. No sólo la violencia familiar, también la prostitución, y la trata de personas constituye el paradigma de dicho abuso de poder. El contrato social es un pacto entre los dos sexos en el que las mujeres pactan su sujeción a cambio de “la protección” de los varones.
El discurso en la historia de la violencia familiar
El discurso es clave porque antes de que la violencia sea física, aparece, por lo general, otra que responde a la superposición denominado por Greimas contrato de veridicción y que se establece en y por el discurso. Este contrato es un acuerdo implícito entre los dos actuantes de la estructura de comunicación y está relacionado con el grado de veridicción que se le otorga al discurso: “La comunicación de la verdad descansa en la estructura de intercambio que le sirve de base”. (La adhesión de quien escucha, y recibe los argumentos es la única instancia capaz de legitimar el contenido de ese contrato de veridicción, o sea, aceptar al discurso como verdadero.) Pero sucede que una de las partes, mujer no puede, no alcanza a argumentar o lo que argumenta no le gusta a quien escucha. Estamos cerca de Lacan cuando sostuvo que la veracidad de un discurso no está en relación al referente –el varón golpeador– sino a ese contrato de veridicción que se supone vigente en tanto se instaló en y por el discurso: “La verdad tiene estructura de ficción”. La institución que subordina y oprime a las mujeres es la familia. La relevancia de la misma se debe a que recrea las condiciones de dominio social. Esta violencia aumenta con la autoridad de las mujeres nuevas, que han roto el pacto sexual, y el contrato sexual regulando la natalidad según sus criterios por una parte y por otra mediante actividades que invaden exitosamente la considerada esfera de intimidad familiar quebrantada hoy por la creciente autonomía de las mujeres en las distintas clases sociales. En el contrato social los varones explicitan y acuerdan sus libertades así como su igualdad ante la ley. En cambio, en el contrato de matrimonio las mujeres “consensúan” su sujeción a los varones y éstos su dominación sobre aquéllas.
Revisar
Continuar refiriéndose a Género y Violencia mantiene su eficacia agitativa, y torna recomendable incorporar las teorías que incluyen la acción y el discurso revisado lo cual se traduce en tomar en serio la violencia familiar. Implica no tolerar la indiferencia legislativa, ni distracciones de algunos jueces, ni la inercia educativa que debería incluir el tema desde los primeros grados. “El marco teórico” podrá apoyarse en la teoría del hacer. “Derivar “a las víctimas a tratamientos psicológicos cuando los hospitales están saturados es recrear nuevas encerronas. Así como suponer que la psicoterapia, sin la transmisión del empoderarse de la mujer para enfrentar al violento, es suficiente también significa una distorsión perceptual del problema.
La revisión del marco teórico remite a la modificación de los contenidos técnico/teóricos de quienes pensamos o actuamos en violencia familiar empezando por evaluar nuestra posición personal-moral frente al tema. Y así como el insulto máximo que involucra al hijo de la puta oculta en su semantización una discriminación operativa y violenta, la expresión violencia familiar encubre la trampa que cotidianamente torna eficaces a los violentos al incluir la idea de “lo familiar”, en la que en realidad es tradicional violencia contra el género. La palabra “familiar” tiende a neutralizar el delito –asociándolo con un desentendimiento entre un hombre y una mujer unidos por lazos familiares– así como la palabra hijo desplaza sobre un niño la violencia masculina que la prostitución consagra. Para poder construir un insulto mayor la violencia se imprime en la semantización que sustituye la función madre por la función puta, negando lo innegable, el original lugar madre de la que el varón es tributario en su origen, así como es tributario de la creación de las putas. La madre es quien lo crea, y él es quien crea a las prostitutas, utilizando el agravio que desmadra al hijo de puta dejándolo sin madre, como cría proveniente de una mujer que no amerita el reconocimiento masculino de su hijo. Transparente ejercicio de violencia verbal contra las mujeres a las que pretenden clasificar como madres (hijo de) o como putas, ante el terror que inspira saber que inevitablemente ellos y sus hijos –los que llevan su apellido– dependen para nacer del cuerpo fecundo de las mujeres, sin distinciones entre nosotras. La violencia no puede sustraerse de esta semántica inscripta en los cromosomas del lenguaje de donde parte el insulto creado en el nombre del padre.
La ley (¿de qué ley hablo? De la que quiera entender quien lea) no es patrimonio del derecho, ni del psicoanálisis ni de las religiones; surgió de las primeras relaciones humanas entre quienes poblaron el planeta. El sujeto que golpea a la víctima mujer conoce la ley en sus instancias familiares y jurídicas, sabe que la está transgrediendo. Su respuesta “no puedo parar una vez que empecé” evidencia cómo consigue que el conocimiento de la ley se convierta en aquello que existiendo no puede operarse. La ley se conoce pero no opera. La falla en la operatividad reside en que carece de integración en el sujeto, que no se incluyó como operador de sus contenidos. La ley no opera mientras carece de eficacia para modificar al sujeto que se define a sí mismo como aquel que no puede detenerse, la ley lo posiciona como carente de mecanismos supresores que lo instituyan como operador de sí misma, de allí la reiterada frecuencia con que algunos jueces eligen caratular los episodios como “lesiones leves –o graves–” y no como violencia familiar. La actuación violenta genera un escenario donde el sujeto ataca a la víctima, la golpea y ella grita mientras los hijos miran aterrorizados. Es la tragedia griega en tanto los caracteriza la encerrona parental cuyos personajes son padres, hijos, parientes. Y siempre se retorna, porque jamás se ha salido de esa escena. Siempre se desarrolla en el mismo escenario y con los mismos protagonistas. Si bien hay puntos que pueden modificarse, lo que se mantiene es el impulso violento hacia el otro. Ese otro es una mujer, de allí la presencia de la idea de Género y Violencia, porque es el género varón el que se presenta como incapaz de mantenerse sujetado de acuerdo con la ley. Es la relación entre la injusticia y la ley cuando el pacto inicial se rompe.
Por Eva Giberti
Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres
I
El hombre que me ame deberá saber descorrer las cortinas de la piel, encontrar la profundidad de mis ojos y conocer lo que anida en mí, la golondrina transparente de la ternura.
II
El hombre que me ame no querrá poseerme como una mercancía, ni exhibirme como un trofeo de caza, sabrá estar a mi lado con el mismo amor conque yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame será fuerte como los árboles de ceibo, protector y seguro como ellos, limpio como una mañana de diciembre.
IV
El hombre que me ame no dudará de mi sonrisa ni temerá la abundancia de mi pelo, respetará la tristeza, el silencio y con caricias tocará mi vientre como guitarra para que brote música y alegría desde el fondo de mi cuerpo.
V
El hombre que me ame podrá encontrar en mí la hamaca donde descansar el pesado fardo de sus preocupaciones, la amiga con quien compartir sus íntimos secretos, el lago donde flotar sin miedo de que el ancla del compromiso le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.
VI
El hombre que me ame hará poesía con su vida, construyendo cada día con la mirada puesta en el futuro.
VII
Por sobre todas las cosas, el hombre que me ame deberá amar al pueblo no como una abstracta palabra sacada de la manga, sino como algo real, concreto, ante quien rendir homenaje con acciones y dar la vida si es necesario.
VIII
El hombre que me ame reconocerá mi rostro en la trinchera rodilla en tierra me amará mientras los dos disparamos juntos contra el enemigo.
IX
El amor de mi hombre no conocerá el miedo a la entrega, ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento en una plaza llena de multitudes. Podrá gritar -te quiero- o hacer rótulos en lo alto de los edificios proclamando su derecho a sentir el más hermoso y humano de los sentimientos.
X
El amor de mi hombre no le huirá a las cocinas, ni a los pañales del hijo, será como un viento fresco llevándose entre nubes de sueño y de pasado, las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados como seres de distinta estatura.
XI
El amor de mi hombre no querrá rotularme y etiquetarme, me dará aire, espacio, alimento para crecer y ser mejor, como una Revolución que hace de cada día el comienzo de una nueva victoria.
El 20 de noviembre de 1845, siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable de las Relaciones Exteriores del territorio nacional, tuvo lugar el enfrentamiento con fuerzas anglofrancesas conocido como la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro. La escuadra anglofrancesa intentaba obtener la libre navegación del río Paraná para auxiliar a Corrientes, provincia opositora al gobierno de Rosas. Esto permitiría que la sitiada Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral. El encargado de la defensa del territorio nacional fue el general Lucio N. Mansilla, quien tendió de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con fuerzas muy superiores a las locales. A pesar de la heroica resistencia de Mansilla y sus fuerzas, la flota extranjera rompió las cadenas colocadas de costa a costa y se adentró en el Río Paraná.
Fuente: Extracto para El Historiador del libro Los mitos de la historia argentina 2, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Planeta. 2004.
Quizás uno de los aspectos más notables e indiscutidamente positivos del régimen de Rosas haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso en la convicción –que compartía con su clase social- de que el Estado era su patrimonio y no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto una actitud nacionalista fanática que se transformaría en xenofobia ni mucho menos, sino una política pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.
En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata para proteger sus intereses: “El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación de el Río de la Plata. También presenta una petición del mismo tenor de los banqueros, tenderos y tratantes de Manchester. El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata, y abrigo la esperanza de que con este resultado se obtendrá un mejoramiento del presente estado de cosas y una gran extensión de nuestro comercio en esas regiones; pero perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso para sus intereses tanto como para los nuestros, pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes”.
El canciller Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y no ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo”.
Se ve que Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de cientos de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas que debutan como aliadas, como no podía ser de otra manera, en estas tierras.
La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.
Aquella mañana el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.
Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.
Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; éste sólo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.
Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: “En el suelo extranjero en que resido, en el lindo país que me hospeda sin hacer agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos: Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos”.
El embajador norteamericano en Buenos Aires, William Harris, le escribió a su gobierno: “Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque (…) se perjudican los negocios de todas las naciones”.
Dice el historiador H. S. Ferns: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes. Desde el punto de vista comercial la aventura fue un fiasco. Las ventas fueron pobres y algunos barcos volvieron a sus puntos de partida tan cargado como habían salido, pues los sobrecargos no pudieron colocar nada”.
Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante los bloqueos le valió la felicitación del general San Martín y un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Ilustra esta entrada la pintura "La batalla de La Vuelta de Obligado", obra del artista argentino Rodolfo Campodónico.
La Vuelta de Obligado (Triunfo)
Versión de Alfredo Zitarrosa, del disco Canta Zitarrosa, 1966:
Noventa buques mercantes, veinte de guerra,
vienen topando arriba las aguas nuestras.
Veinte de guerra vienen con sus banderas.
La pucha con los ingleses, quién los pudiera.
Qué los peló a los gringos una gran siete; navegar tantos mares, venirse al cuete, qué digo venirse al cuete.
A ver, che Pascual Echagüe, gobernadores,
que no pasen los franceses Paraná al norte.
Angostura del Quebracho, de aquí no pasan.
Pascual Echagüe los mide, Mansilla los mata.
Versión de Alfredo Zitarrosa, del disco Guitarra negra, 1977, y del recital de Santiago de Chile de 1988:
Noventa buques mercantes, veinte de guerra,
vienen pechando arriba las aguas nuestras.
Veinte de guerra vienen con sus banderas.
Angostura del Quebracho, de aquí no pasan.
Qué los parió a los gringos una gran siete; navegar tantos mares, venirse al cuete, ¡qué digo venirse al cuete!
Ahijuna con los franceses, quién los pudiera.
A ver, vos Pascual Echagüe, gobernadores.
Que no pasen los franceses Paraná al norte.
Pascual Echagüe los mide, Mansilla los mata.
La versión que cantaba Alberto Merlo:
Noventa buques mercantes veinte de guerra, veinte de guerra
Vienen pechando arriba las aguas nuestras, las aguas nuestras
Veinte de guerra vienen con sus banderas, con sus banderas
La pucha con tantos barcos quién los pudiera, quién los pudiera
¡Que lo tiro a los gringos ’juna gran siete navegar tantos mares venirse al cuete, que digo, venirse al cuete¡
A ver che Pascual Echagüe gobernadores, gobernadores
Que no pasen los franceses Paraná al norte, Paraná al norte
Angostura del quebracho de aquí no pasás, de aquí no pasás.
Pascual Echagüe los mide Mansilla los mata, Mansilla los mata
¡Que lo tiro a los gringos ’juna gran siete navegar tantos mares venirse al cuete, que digo, venirse al cuete¡
Renuncia este hombre opaco y extraviado al juego de los otros, a la unánime empresa de probar el sabor del mundo cierto, como si el tiempo que iracundo arroja el hueso del presente codicioso a la despierta voluntad de todos, nunca lo hubiera visto, como si la hermandad innumerable que rueda hacia el dolor y la delicia no pudiese rendirlo a sus verdades claras.
Renuncia este hombre al don de la hora vívida, al esplendor del día donde caben las venturas concretas, los adioses, la parcial efusión que arde y resurge, los trofeos del odio y la batalla, las zozobras que el alma quiere en secreto, y todo cuanto pide, no signos, sino real llamarada.
Quién sabe cuántas noches lo asociaron al quieto reino de las personas ilusorias, donde el castigo es tenue y es vaga la delicia, y así en mansa demora miró correr los años, pues quiso confundirse con mentidas criaturas para que fuera leve también, y no de hierro, el plazo de los actos cardinales que son nuestros sepulcros sucesivos.
Como quien se libera en el exilio, vive oculto en comarca de signos y de fábulas, donde las almas pueden desandar sus jornadas y rehacerse a despecho de los hados, pues lo domina el insensato empeño de volverse un tramposo del destino.
Desoye -¿los vivientes podrán creerlo?- el férvido llamado de las horas que no le traen el hijo ni los viajes, ni la curiosidad por otros seres, porque el desierto es su jardín luciente y, como ajeno al orden natural de las cosas, -ya tranquilo en su mundo menor y vaporoso- todo lo sacrifica a unas imágenes. Ni siquiera el sonido del mar sobre la playa donde juegan los cuerpos; tampoco el rostro nuevo que se anima en la fiesta, porque indirectos cielos lo aprisionan, y su alma distraída sólo goza los bienes negativos de la calma y la ausencia.
Y semejante al párvulo, que en su candor se pierde, deslumbrado en los reinos que fundan con engaño las palabas, vive prestada vida y aventura refleja. Y las criaturas que en sí mismo engendra, hijas de su delirio cuidadoso, en vano salen a probar fortuna, al azar ofrecidas, a lo incierto, al capricho y la música de algún hombre recóndito. Así, en ese desvelo para nadie, en un país de símbolos humosos, pierde su vida el lento forastero que oscuro persevera, esclavo de unas sombras.
El forastero CARLOS MASTRONARDI (De: “No recogidos en volumen”)