domingo, 2 de diciembre de 2012

Las puertas que vamos eligiendo

En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta, aquella que no abriste y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino.
Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar, pero tiene el color de la inclemencia y semeja una lápida donde se inscribe a cada paso lo imposible.
Acaso ahora cruja con una melodía incomparable contra el oído contra el oído de tu ayer, acaso resplandezca como un ídolo de oro bruñido por las cenizas del adiós, acaso cada noche esté a punto de abrirse en la pared final del mismo sueño y midas su poder contra tus ligaduras como un desdichado Ulises.
Es tan sólo un engaño, una fabulación del viento entre los intersticios de una historia baldía, refracciones falaces que surgen del olvido cuando lo roza la nostalgia. Esa puerta no se abre hacia ningún retorno; no guarda ningún molde intacto bajo el pálido rayo de la ausencia.
No regreses entonces como quien al final de un viaje erróneo —cada etapa un espejo equivocado que te sustrajo el mundo— descubriera el lugar donde perdió la llave y trocó por un nombre confuso la consigna.

¿Acaso cada paso que diste no cambió, como en un ajedrez, la relación secreta de las piezas que trazaron el mapa de toda la partida? No te acerques entonces con tu ofrenda de tierras arrasadas, con tu cofre de brasas convertidas en piedras de expiación; no transformes tus otros precarios paraísos en páramos y exilios, porque también, también serán un día el muro y la añoranza.
Esa puerta es sentencia de plomo; no es pregunta. Si consigues pasar, encontrarás detrás, una tras otra, las puertas que elegiste.

"Detrás de aquella puerta", de la poeta pampeana Olga Orozco.


Si escuchamos Kathy's Waltz, ese clásico del jazz, ejecutado por Dave Brubeck Quartet, una banda paradigmática, podríamos pensar que están improvisando sobre "All my loving" de Paul McCartney.
Sin embargo cuando contrastamos que este tema fue grabado en 1959 y el del genial Beatle en 1963, entendemos entonces que la línea que separa inspiración y plagio es muy delgada.
Como dato, sin justificar a Paul hay que tener en cuenta que en su casa se escuchaba mucho jazz, dado que su padre era un apasionado cultor del género.

Después de todo, para bien o para mal, somos las puertas que elegimos.




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