miércoles, 2 de marzo de 2016

Este regreso al propio desconcierto

Lo que nos temíamos: se derrumbó la cotización de la esperanza en el mercado de futuros.
Esperemos que los sueños resistan.


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No necesito datos del estado de la Nación, señor presidente. Con todo respeto, los tengo bastante claros y presentes.
Mi familia nuclear, todos mis amigos, familiares más cercanos, y yo mismo, todos teníamos trabajo. Nos dábamos gustos tales como comprarnos artefactos y artilugios electrónicos. Irnos de vacaciones. Algunos todos los años, otros lo hacíamos con menor frecuencia. Mejorábamos nuestras viviendas, nuestros vehículos. Mejorábamos año a año.
Eso para empezar. Ciertamente, todas cosas positivas que hace doce años no estaban tan extendidas entre nosotros, empezando por mí, y que este año es más que evidente que se empiezan a poner en entredicho. Veremos el próximo.

Con una inflación más alta de lo deseable, de lo aconsejable. Es verdad, pero que venía bajando de manera sostenida hasta que su triunfo, y la devaluación prometida, fue algo concreto.
Con una concentración y extranjerización de la economía mayor al aceptable. Es verdad, pero con una actitud de defensa permanente de los intereses populares que pretendía contrarrestarlo.
Con una pobreza por ingresos que no pudo bajar de 15%, y una pobreza estructural mayor a la esperada. Es verdad, pero con indicadores sociales que venían mejorando pese al freno de los últimos años, y con una mejora concreta en la calidad de vida de los menos favorecidos.

En vez de confrontarnos, en vez de buscar la crispación de su electorado contra los que no compartimos su ideología libre mercadista, pregúntese si no le iría mejor planteándose un gobierno de derecha inteligente, que mantenga nuestra calidad de vida, la mejore, y le permita a los miembros de la clase social a la que representa seguir ganando muchísimo dinero, incluso más.
Pregúntese, si la disputa feroz con la que pretende encarar su primer año de gobierno, no le cierra la puerta a apoyos explícitos, que se mostraban como potenciales.
Pregúntese, si cuando a sus votantes les empiece a doler el bolsillo, luego de años y años de justificar su bonanza en su inteligencia y bien hacer, negando la influencia de la acción del gobierno, no le darán la espalda.

Está a tiempo de no ser un fracaso. Todos los errores que cometió, si bien graves, se pueden salvar con inteligencia.
Si no los profundiza, claro. Que es lo que, lamentablemente, su discurso me sugiere.


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“Ha terminado el sistema de ocultación de la verdad; el país tiene que conocerla por más que sea cruda y penosa. Diez años de irresponsabilidad y corrupción nos han llevado a la situación más desastrosa de nuestra historia económica. El país se ha empeñado en hacer lo que nadie puede cumplir impulsado por una tremenda insensatez a tratado de consumir más de lo que producía y así ha gastado sus reservas monetarias…”

Discurso del Presidente Eduardo Lonardi 16 de Septiembre de 1955.


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Sinceramente, los tipos como yo, a los que nos cuesta un huevo hablar en público, tenemos que estar agradecidos de escuchar un discurso de Macri.


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En el discurso que el actual presidente ofreció ante la Asamblea Legislativa sobraron adjetivos. Hubo un abuso de adjetivos, en un contexto de escases de cifras y datos.
Se la cuestionaba a la anterior presidenta por sus extendidos discursos, pletóricos de datos y cifras de la gestión del FPV desde el 2003, y contrastando éstas con las cifras y los datos anteriores.
Sin embargo, el discurso de hoy, se destacó por la pobreza de diagnósticos, de datos, y de generosidad.
Estaba en el Congreso de la Nación, no en un congreso de la Alianza Cambiemos.


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"Si Cristina Fernández –como sostenían sus detractores- diseminaba un relato de un país idílico en el que nadie habitaba, Macri pintó un país en llamas al borde del colapso que en absoluto se corresponde con la realidad material de los ciudadanos. El caos descripto hizo eje en la corrupción y la inseguridad, el clientelismo y el despilfarro de los recursos públicos. Así el pro dio su versión de la realidad a partir de la siguiente construcción argumentativa: el anterior gobierno negó sistemáticamente una realidad (inflación, corrupción, inseguridad, manejo fraudulento del Estado) y mantuvo a la población bajo el velo del relato de un país –inclusivo- inexistente. Cambiemos viene a develar la realidad –real, tal cual es- y anoticia a esos ciudadanos de que el Estado que recibió su gobierno es insostenible y caótico. Establece así un nuevo punto de partida que pretende hacer más liviana para su gobierno la carga de la gestión pensando en la hora de la evaluación de resultados, al tiempo que advierte a sus votantes que los sacrificios serán arduos, y que el tan mentado cambio no se verá en el corto plazo. Los eyecta así de la revolución de la alegría a la crudeza de la “realidad”, sin escalas."

Una épica amarilla. La construcción del relato PRO
(por Gisela Brito)


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Nunca me gustaron los carteles, las irreverencias arrogantes, el destrato, las faltas de respeto hacia la investidura presidencial de todos quienes integraban la oposición hasta hace unos meses.
Tampoco me gustan ahora. Ni siquiera como venganza por el destrato recibido.
Como no me gustará si el FPV repite la impostura de no dar quórum cuando no tiene los votos para oponerse a algún proyecto.
Nunca me pareció correcto que todos quienes hasta hace unos meses integraban la oposición le faltasen el respeto a la voluntad popular negándose a que el parlamento funcione.
O judicializando la política.
Aún así, lo de los cartelitos me resulta un detalle sin mayor trascendencia.


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Dijo Anatole France, refiriéndose a la religión: "Si 50 millones de personas creen una tontería, sigue siendo una tontería...".
Si modificamos las cantidades o las unidades de medida:
Cambiamos, religión por política.



Imagen: "La fogata de San Juan", Antonio Berni.





Quizá mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros quizá mi única noción de patria sea este regreso al propio desconcierto.
(Mario Benedetti)

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