sábado, 23 de octubre de 2010

Martín Fierro y Juan Carlos Castagnino, el más elevado sentido

En 1962 Juan Carlos Castagnino ilustra para La Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) la más difundida de las ediciones de “Martín Fierro”, y revoluciona el panorama plástico argentino con esta memorable ilustración. Para la generación de argentinos que tuvieron en sus manos estas ediciones, el gaucho dibujado por él era y es Martín Fierro.


Castagnino centra su pintura en el hombre. Integra la figura humana en el paisaje, ennoblece la presencia de sus criaturas de carne y hueso,sin atemperarles demasiado la dureza del gesto con que las ha señalado la vida. Advertimos de pronto una serenidad "giacondesca " en algunos de sus retratos de mujeres de pueblo, cuyas manos repiten el gesto del cuadro de Leonardo. Gentes del norte, paisajes del Paraná o del Uruguay, orillas marplatenses, arrabales porteños: muchos y diversos ámbitos del país han dado a Castagnino tema para su interpretación entrañable.Su impronta nacional, sin embargo, no se alcanza por la sola virtud de su temática tan nuestra, sino, sobre todo, por una atmósfera, por un particular resplandor de los cielos, por un color que parece aprendido de la tierra.


Juan Carlos Castagnino fue pintor, arquitecto y dibujante. Nació en Camet, la zona rural aledaña a la ciudad de Mar del Plata en 1908. En la casa de Castagnino siempre había caballos, y fueron su primera fuente de inspiración para comenzar a dibujar. Su infancia transcurrió en un escenario donde la pampa y el mar se conjugaban para hacer aflorar su talento. La luz de la costa atlántica vibra en los ocres y azules de su paleta y el mar y los caballos son sus motivos característicos.

Cursa estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes, para luego concurrir a los talleres de Lino Enea Spilimbergo, a quien considerará siempre su maestro, y de Ramón Gómez Cornet. En 1933 integra el grupo que fundará el primer sindicato argentino de artistas plásticos. Ese mismo año expone en el Salón Nacional de Bellas Artes. Junto a Antonio Berni, Spilimbergo y Siqueiros, realiza los murales en la Quinta de Natalio Botana, en Don Torcuato. También en 1945 junto a Berni, Spilimbergo, Urruchúa y Colmeiro para las Galerías Pacífico, en Buenos Aires, realizó sus obras más destacadas en este campo. Numerosos fueron los galardones alcanzados a lo largo de su carrera artística, los que culminaron en el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de 1959.


Son de Castagnino esas barrancas rojizas junto a las aguas tendidas, con el agreste penacho de unas verdes matas. Le pertenecen esos caballos criollos de acarnerado perfil en la nerviosa cabeza, sueltas las crines, anchas las narices que husmean la libertad en el aire; la osamenta vacuna, blanqueada por el sol y el viento, bajo cuya cornamenta, en las órbitas desmesuradas, el pasto joven o el cardo amoratado recomienzan la vida; ciertas maternidades obreras, en las que la ternura lírica no debilita el impacto de la dolorosa y muda protesta; son, por fin, de este seres y cosas del pueblo, a los que él ha sabido acercarse con solidario fervor.


La obra de Castagnino es argentina en el más elevado sentido de la calificación. Su pintura habla de nosotros, de nuestro paisaje y nuestra gente. El interior profundo y los arrabales de Buenos Aires, los espacios horizontales de la llanura, lka costa del río y las orillas del mar, los trigales y las tropillas de alazanes son sus motivos recurrentes. Hombre de ideas humanísticas y sentidas preocupaciones sociales, dibujante de línea dinámica y emotiva colorista de exquisita sensibilidad, nos ha dejado obras altamente líricas. En 1963 fue designado miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Murió en la ciudad de Buenos Aires, el 21 de abril de 1972.


Ilustra esta entrada un dibujo de la serie Martín Fierro de este genial artista argentino.



Versos del Martín Fierro cantado por Jorge Cafrune como nadie.

Un padre que da consejos,
Más que padre es un amigo.
Ansí, como tal les digo
Que vivan con precaución:
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada.
No estrañen si en la jugada
Alguna vez me equivoco,
Pues debe saber muy poco
Aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas
Mas digo, sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

2 comentarios:

  1. una joya argentina poema para tener en la memoria es la biblia criolla

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