domingo, 13 de diciembre de 2009

Maradona, no es una persona cualquiera

Mucho se ha escrito y cantado sobre Diego Armando Maradona, que no es una persona cualquiera es evidente, que es un hombre pegado a una pelota de cuero también. En una época no muy lejana era garantía de éxito comercial. Le han escrito para adorarlo y para insultarlo, pero sobre todo le han escrito al héroe, al ídolo, a ese personaje público que regaló sonrisas y alegrías casi por igual a todo el mundo.

Canciones he contabilizado un número infinito cuantitativa y cualitativamente: de Los ratones, de Manu Chao, de Sabina, de Rodrigo Bueno, de Fito Páez, de Pablo Coll, de Los piojos, de Calamaro, de Charly García, de la Bersuit, de napolitanos para endiosarlo, de ingleses para insultarlo, y un enorme etcétera.
Poesías y textos literarios cientos y cientos; si hasta yo me animé y escribí un poema sobre El Gordo. El gran Eduardo Galeano le ha dedicado varios textos, alguno que hasta podríamos definir como reivindicativo. El personaje ha merecido incluso películas de directores de indiscutible calidad como Emir Kusturica.

El Diego ha despertado pasiones irrefrenables, y estoy absolutamente convencido de que se lo rechaza básicamente por su honestidad brutal, por su incontenible verborragia, por esa manía que tiene de decir siempre lo que piensa, siempre lo que cree. Mucha gente no confía en quien no sabe mentir. En una época, cuando su prodigiosa naturaleza lo convirtió en todopoderoso, se disimulaba el temor que generaba, hasta que la vida redujo cruelmente esa infalibilidad a cenizas recogidas en un rincón.
Quizá, no le perdonen que haya devenido en humano, y no en ícono para ser lucido, como me sugiere la espléndida viñeta de Cristóbal Reinoso (Santa Fe, 14 de febrero 1946), más conocido como Crist.

Pero poco se ha dicho sobre el hombre sufriente, del que la vida le pesa en sus espaldas, sobre la persona real. Quizá lo mejor, lo más humano, lo más cercano al corazón, al menos lo que más me ha conmovido, fueron: el poema de Don Mario Benedetti, y la canción que Alorsa compuso y cantó La Guardia Hereje.
Se humedecen los ojos de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad al encontrarse cara a cara con el retrato de un hombre que tambalea cuando se enfrenta a sí mismo, porque enfrente tiene a un dios, enorme, imposible de eludir.



Hoy tu tiempo es real

Hoy tu tiempo es real / nadie lo inventa,
y aunque otros olviden tus festejos,
las noches sin amor quedaron lejos,
y lejos el pesar que desalienta.

Tu edad de otras edades se alimenta,
no importa lo que digan los espejos,
tus ojos todavía no están lejos,
y miran / sin mirar / más de la cuenta.

Tu esperanza ya sabe tu tamaño,
y por eso no habrá quien la destruya,
ya no te sentirás solo y extraño.

Vida tuya tendrás y muerte tuya,
ha pasado otro año / y otro año,
le has ganado a tus sombras / aleluya.


(Mario Benedetti)


Para verte gambetear - La Guardia Hereje



Con un par de lienzos crotos, esperando por el bondi de Fiorito a Paternal.
Las pisadas, las rabonas, son los chiches que los viejos no te podían regalar.
Y en la villa se juntaban los pendejos para verte gambetear.

Del riachuelo para el mundo, desde el cielo hasta el infierno, patadas en catalán.
Ya más nadie iba a manguearle milagros a San Genaro porque entrabas a jugar.
Se juntaron el jetset y la camorra para verte gambetear.

30 millones de negros transpirando en tu remera para jugar un mundial.
Más regalo que un cumpleaños, más premio que la quiniela, más baile que en carnaval.
Y en los barrios faltaban televisores para verte gambetear.

Olé olé, olé olé, olé olé olé olá, para verte gambetear.

Barrilete, pecho inflado, con el sol de nuestros sueños te volviste a iluminar.
Empachado de ilusiones, cuando vos eras el dueño te fueron a desterrar.
Y en las calles, cada lágrima fue el precio para verte gambetear.

Gordo, cara de galleta, caminando medio chueco, siempre echado para atrás.
Como no te daban pase te piantaste de los muertos, cómo te iban a parar.
Y rezamos en La Habana y Buenos Aires para verte gambetear.

Con la sonrisa de pibe, con el brazo guerrillero y el corazón de arrabal.
La zurdita endemoniada y el martillo en el garguero, cada día te quiero más.
No hace falta más que entrecerrar los ojos para verte gambetear.

Olé olé, olé olé, olé olé olé olá, para verte gambetear.

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